lunes, 18 de noviembre de 2013

Lou Reed: el transformador

Roberto Loayza Cárdenas

Lou Reed (Nueva York, 2 de marzo de 1942 – 27 de octubre de 2013).
Su enjuta figura adornaba las calles de Nueva York, era uno de sus príncipes, durante más de dos décadas su sonido fue el de la ciudad. Hace unas semanas Lou Reed murió, el mundillo del rock llora, en las redes “cuelgan” I'm Waiting for the Man, Sweet Jane, Coney Island Baby, Street Hassle, Dirty Boulevard.
Uno de los tantos chicos malos del rock, muy difícil entrevistarlo, el típico estilo conformista, confrontacional, siempre de negro, como Johnny Cash. Mucha gente solo lo ubica como el cantante de Walk on the Wild Side, pero su imprescindible obra abarca mucho más. Sin él, por ejemplo, el importante sonido “grunge” no hubiera existido.
Tal vez ese carácter tan endiablado se debía a los tormentos sufridos a causa de su bisexualidad: sus padres lo llevaron a una clínica a “curarlo”, incluso lo sometieron a sesiones de electroshock, pero lo que lograron fue hacer nacer en él esa ira incontrolable, esa rebeldía que se plasma desde sus primeros discos con su banda iniciática The Velvet Underground, fundamental agrupación cuyo legado es incalculable, aunque su éxito haya sido moderado, los apadrinó el apabullante Andy Warhol, la movida “under” de mediados de los 60.
Sin duda, su herencia más importante es con esta banda formada junto con el músico galés John Cale: sus primeros cuatro discos son puntos cardinales en la historia del rock: The Velvet Underground & Nico (1967), la de la tapa de plátano dibujada por Warhol y obra maestra absoluta, White Light/White Heat (1968), The Velvet Underground (1969) y Loaded (1970) títulos históricos, definitivos, brutales pero claros, primitivos pero modernos.
Su carrera como solista empezó de la mejor manera, en especial con Transformer (1972), su inolvidable colaboración con David Bowie, su obvio inspirador, y Berlin (1973) y aunque también rozó el desastre con el irreconocible Metal Machine Music (1975), su carrera mantuvo un nivel envidiable, hasta su última producción en conjunto con Metallica, Lulu (2011). Todos discos con una alta carga literaria en medio de sonidos desafiantes y directos.
Bandas como Pixies, Sonic Youth, Jesus and Mary Chain, Pavement y Yo La Tengo no existirían si Lou Reed se hubiera dedicado a otra cosa.
Sin embargo, la importancia de Lou trasciende lo musical: a través de su personalidad, su arte y su música, logró ver mucho más allá de una sociedad simplista y binaria que suele dividir a las opciones sexuales como heterosexual y homosexual y abrió el camino para que muchos otros artistas lograran establecer su posición con firmeza.

Hacia el final de su vida siempre se le vio acompañado de Laurie Anderson, una extraña artista experimental con quien estuvo casado desde el 2008 y quien inculcó en Lou el gusto por la fotografía. En mayo de este año fue sometido a un trasplante de hígado, que no resultó del todo exitoso y empezó a caminar por el lado salvaje el pasado 27 de octubre.

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