domingo, 10 de noviembre de 2013

La India en el Valle del Mantaro

Pedro Benavides


En una pradera escondida del Valle del Mantaro, hace unos días, fue colocada la primera piedra de la aldea ecológica de Tapován, por el líder de la misión mundial Vrinda de bakty yoga, originaria de la India, Srila Atulananda Acharya, culminando un festival de cuatro días que convirtió a Huancayo en la capital  cultural del misticismo védico.
El suceso, lejos de pasar desapercibido en una metrópoli floreciente como la Incontrastable, corroboró el interés de su pueblo por la literatura, la filosofía y el estilo de vida de los estudiosos y practicantes del yoga.
En esta perspectiva, la comunidad de yogas huancaínos, compuesta en su mayoría por jóvenes emprendedores, invitó al reconocido poeta, sanscritista y traductor Srila Atulananda Acharya, a dictar una serie de conferencias sobre la condición humana.
El autor llegó en compañía de poetas y monjes yoguis que cautivaron a la urbe con su alegría y repertorio de canciones en idioma sanscrito. Centenares de jóvenes y adultos colmaron los auditorios del Gobierno Regional y la Universidad Continental, donde coincidieron con las enseñanzas del poeta sobre una existencia vegetariana sin drogas, alcohol, tabaco o juegos de azar para lograr la perfección, aplicando el pensamiento de Krishna.
Recitales poéticos y presentaciones teatrales de textos de la literatura universal, al estilo de la India, mostraron los avances de una sabiduría que es materia de estudio y enseñanza en las más prestigiosas universidades del mundo, como un fenómeno cultural, patrimonio de la humanidad.
El Valle del Mantaro vibró con el encuentro auspicioso de dos culturas: la huanca y la védica, por la búsqueda de alternativas de solución a los conflictos del ser y de la vida moderna. Huancayo cuenta con cuatro centros de yoga pertenecientes a escuelas hermanas, que la convierten en un centro cultural muy importante para el desarrollo tangible del conocimiento acerca de la trascendencia, contenido en tratados como el Bhagavad Gita que reúnen las enseñanzas de Krishna.
El festival culminó con un recorrido por el Valle del Mantaro, la laguna de Paca y el campo, en el distrito de Apata, donde fue colocada la piedra fundacional de Tapován, la “Aldea de la Verdad Absoluta”, a orillas de un río que fue bautizado con el nombre sánscrito de nuevo Yalangui o Sarasvati, en homenaje a uno de los afluentes del Ganges.
Edificaciones con materiales tradicionales como tapiales, adobe, madera y piedra, diseñados como santuarios, residencias, con salas de meditación y auditorios, componen el futuro “ashram” ecológico. Una comunidad para refugiar a los jóvenes sin discriminaciones de raza, credo o posiciones sociales, como son las comunidades de Vrinda, permitirá igualmente impulsar el turismo cultural y ecológico hacia uno de los lugares más privilegiados por la naturaleza.
En esta tierra, Acharya ofició, como se estila desde hace miles de años en la India, una ceremonia del fuego en ofrenda a la Pacha Mama, dio iniciación mística a siete nuevos “bakty” yogas y casó a dos parejas de devotos huancas con el colorido ritual y vestimentas de la cultura védica. Además, metido hasta las rodillas en las aguas del nuevo Yalangui, ofreció un recital de poesía trascendentalista, entonando a la manera de los bardos de los tiempos antiguos, sendos cantos al Río Ganges y la Pacha Mama. Los poetas invitados como Prabhu Autaria, Prabhu Rupa y Prabhu Caitanya Gour Vanachary Das cantaron a la naturaleza.

A estos originales actos culturales, pocas veces vistos en nuestra localidad, asistieron intelectuales y místicos de Argentina, Brasil, Colombia, Chile, Venezuela, Suiza, Perú y numeroso público de Jauja y Huancayo.

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