miércoles, 17 de agosto de 2011

A sus 100 años de nacimiento

Cantinflas, en el corazón y la retina

Su consagración en el mundo se debió a ese tierno personaje de hablar rebuscado y embolismático, metido en prendas estrechas, con pantalón caído, sombrero ridículo y un pedazo de “gabardina” al hombro, que brilló en el cine durante décadas. Es Cantinflas, el inolvidable hombre de buen corazón que ha seducido a varias generaciones y que ahora cumpliría cien años de nacido.

Sandro Bossio Suárez

Uno de los recuerdos más nítidos que tengo es la esclusa de pesados cortinajes del cine Central. Al atravesarla, se abría la gran sala, con cientos de butacas acolchadas y piso de madera. Y, al fondo, una de las pantallas panorámicas más grandes que he visto en mi vida. El primer rostro que encontré en esa pantalla, en blanco y negro, fue la del gran Mario Moreno Cantinflas.
La película era el juicio de este personaje, quien, por pedido de su novia, había matado a un perro llamado Boby, contagiado de rabia. Por coincidencias, un criminal del mismo nombre que amenazaba la casa también es asesinado, y nuestro buen Cantinflas confunde al tribunal desde el banquillo de los acusados tratando de defenderse. Es, realmente, una de las películas más divertidas que he visto en mi vida. A partir de entonces, le pedía a mi madre que me llevara al cine a ver cuanta película de Cantinflas llegara a los cines. Generalmente íbamos en función de noche, es decir a las 10 y salíamos a las 12.
Vinieron películas tan divertidas como la primera que vi, en las que el gran comediante mexicano aparecía encarnando a un sacerdote, a Dartagnan, a un bombero, a un abogado, a un embajador, a un policía, a un boxeador, a un mago, a un lustrabotas, a un barrendero. Aprendí que el humor de estas películas no sólo estaba en las escenas de baile (que son emblemáticas y mis favoritas), sino, sobre todo, en el trasfondo lingüístico. Tanta influencia ganó este fenómeno, que la Real Academia Española ha incluido en su famoso diccionario varias palabras referidas al actor. Por ejemplo, dice que “Cantinflas” significa “persona que habla o actúa como Cantinflas”. “Cantinflear” significa “hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada” y “actuar de la misma manera”. La acepción de “Cantinflada” es “dicho o acción propios de quien habla o actúa como Cantinflas, actor mexicano”. Varias de sus frases, como “A volar, joven” o “No es lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario”, son locuciones populares que no conocen fronteras.
Todo esto confirma no sólo la fuerza actoral, la vitalidad humorística, la versatilidad de este extraordinario actor mexicano, sino también su enorme influencia en la cultura popular. Gabriel García Márquez es uno de sus más asiduos admiradores: no se ha cansado de repetirlo en todos los lugares a donde va, sino que lo ha incluido en su cuento “En este pueblo no hay ladrones”, donde Dámaso, un ladrón de baja monta, va al cine y “ríe sin remordimientos” viendo a Cantinflas después de robar unas bolas de billar y golpear a su mujer.
Conocida es la amistad que el actor mexicano tenía con Charles Chaplin y su memorable encuentro en el que cada uno decía públicamente que el mejor comediante del mundo era el otro.
Pero Cantinflas no sólo fue un inigualable actor y bailarín (se asegura que nunca tomaba en cuenta los libretos que le daban, pues él creaba sus propios parlamentos). También era un sentimental ciudadano y activista defensor de los niños pobres. En una ocasión, mientras daba un discurso como Embajador de la Paz de la OEA, se dejó vencer por las lágrimas que le causaron hablar de los niños abandonados.
Los diarios más importantes del mundo anuncian una serie de actos conmemorativos por el centenario de su nacimiento, quien falleció en 1993. Sabemos que nació en una familia pobre de once hermanos y que se inició como saltimbanqui de circos modestos. Luego hizo teatro y radio.
En 1936 apareció apenas unos segundos en una película, después de haber sido torero y hasta boxeador, y en 1940 grabó como protagonista “Ahí está el detalle”, la película del juicio que yo vi y grabé para siempre en mi corazón.
Ganó cinco premios Oscar en 1957, fue Maestro Honorario en Venezuela y jefe simbólico de la policía en Guatemala y de los Bomberos de Bogotá. Pero, sobre todo, Mario Moreno Cantinflas, “Don Canti”, se ganó la admiración de una gigantesca marea humana que, en este mismo momento, lo sigue disfrutando en todos los rincones del mundo.

En una ocasión, mientras daba un discurso como Embajador de la Paz de la OEA, se dejó vencer por las lágrimas que le causaron hablar de los niños abandonados.



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