lunes, 6 de septiembre de 2010

Entrevista a Edgardo Rivera Martínez

Edgardo Rivera Martínez y el país de las nostalgias

Sandro Bossio Suárez

Melancólico, pausado, lúcido como nadie, Edgardo Rivera Martínez ha vuelto a Huancayo. Tiene la mirada lánguida detrás de sus perpetuas gafas y los ojos llenos de añoranza, llenos de clarividencia, llenos de sabiduría. Nos habla de sus morriñas, de sus inicios como escritor, de su gran novela “País de Jauja”.

¿Qué recuerdos guarda de Jauja y Huancayo?
Los más hermosos. Yo tenía una familia muy clásica, con una madre que me inculcó la música culta, un tío que hizo que me interesara en el francés, unos parientes que despertaron en mí la disposición por el arte en general. Yo tenía muchas ganas de volver, pero no había la oportunidad. Volví varias veces a Jauja, pero no a Huancayo, y ahora felizmente se ha dado este espacio, esta Segunda Feria del Libro que me ha podido traer. Agradezco a Willy Mateo, el organizador de esta feria, por haber hecho posible un espacio tan importante para la cultura de la región.

Usted trabajó en Huancayo en los años sesenta…
Sí, en la Universidad Nacional del Centro. Antes había estudiado en la Universidad de San Marcos y había sido becado a Francia. Después estuve dando clases en otras universidades hasta que me ofrecieron una muy buena condición laboral en Huancayo. Estuve enseñando en la facultad de Educación, pero era una facultad muy politizada, con muchísimos problemas, así que me cambié a Arquitectura, donde enseñé historia del arte, pero por poco tiempo.

Se nota esa influencia del arte en su obra. Usted se preocupa mucho por la construcción artística de sus relatos, pule mucho la prosa, inserta muchos datos sobre música y arte.
Claro, se debe a mis estudios y a mi formación. Yo incluso aprendí música y me preparé para ingresar al conservatorio, pero cuando terminé la secundaria me di cuenta que ya era un poco tarde para eso y me dediqué sólo a la literatura. Desde entonces le he buscado efectos musicales a mi prosa.

Pero también muestra mucho interés por la erudición.
Imagino que es por influencia del gran orientalista Fernando Tola, de quien fui su asistente, y es un hombre de una cultura formidable. Domina catorce lenguas, entre ellas el pali, el sánscrito, algunas variantes de lenguas orientales muertas. Sabe mucho de filosofía india y china, en fin. Está por los noventa años y todavía produce. De vez en cuando nos comunicamos y me sorprende con algún artículo sobre filosofía china o india. Pero creo que mi interés por la erudición también se debe a mi permanencia en francia, mis audaces viajes a Europa de joven.

Publicó aquí en Huancayo su primer libro.
Sí, a comienzos de los sesenta publiqué un libro de cuentos llamado “El unicornio”. Es un cuento fantástico, ambientado en una aldea de la zona, donde aparece este animal mitológico europeo.

¿Y luego vino “Azurita”?
No recuerdo la secuencia de la publicación de mis libros, pero “Azurita” también fue uno de mis primeros libros. Contiene los recuerdos, las remembranzas del mundo andino.

Usted es uno de los pocos que domina el difícil arte de la literatura fantástica. ¿Alguna razón especial?
Me gusta mucho el género, mucho. Yo empecé a leer a todos los clásicos del cuento universal, y siempre me llamaba la atención que en la literatura japonesa, china, india, inglesa, francesa, hubiera cuentos fantásticos. Me gustaron mucho.

“Ángel de Ocongate” es un cuento fantástico maravilloso…
Bueno, sí, a mí me encanta. Con él gané la primera versión del concurso el Cuento de las 1,000 palabras de la revista Caretas. Es un cuento corto donde se resumen todas mis preocupaciones: el mundo andino, la sincretización, la religiosidad, la música, lo fantástico.

Siempre lo hemos visto rodeado de ángeles de la escuela cusqueña. Incluso usted tiene una foto muy famosa con uno de ellos. ¿Algún vínculo especial?
Bueno, artísticamente me gustan mucho los ángeles virreinales. Ese ángel al que usted se refiere me lo obsequió Doris Gibson, la dueña de Caretas, que fue una mujer maravillosa y gran amiga mía. Será por ello que he escrito sobre ángeles.

En el mismo campo del cuento, ¿usted cree que este género también se presta a experimentaciones técnicas?
Creo que por sus dimensiones el cuento debe ser menos técnico y más humano, perfecto en su condición y su esencia.

¿Y por qué ingresa al mundo de la novela algo tardíamente?
Porque siempre me fue difícil escribir manualmente, o a máquina, siempre me demandaba gran esfuerzo. Por eso prefería hacer cuentos o narraciones cortas. Cuando trabajé en la International Wrinting Program de una universidad estadounidense me dieron una computadora que era muy grande y no pude traerme. Hasta que me fui a trabajar a la Universidad de Tours, en Francia, y pude comprarme una máquina Macintosh. Ahí recién encontré la comodidad necesaria para lanzarme a escribir una novela, esa novela que siempre quise escribir.

¿“País de Jauja”?
Sí, “País de Jauja”. Me dio mucho placer escribirla. Pese a que es una novela muy larga, la escribí en dos años.

¿Fue fácil publicarla?
No, claro que no. La mandé a las editoriales y me dijeron que era muy larga, que el tema no gustaría, hasta que la publiqué por mi cuenta con el sello de un periódico de izquierda, “La Voz”. En cuanto salió me sorprendí de que en poco tiempo se agotaran los 800 ejemplares, que los críticos dijeran que la novela era buena, que fuera finalista del premio Rómulo Gallegos, que se nominara como la mejor novela de los años noventa. No hubo un solo artículo desfavorable. Críticos de la importancia de Cornejo Polar hablaron muy bien del libro y eso hizo que se hiciera muy conocido. Solo así las editoriales empezaron a rogarme para publicar la novela.

“País de Jauja” recoge mucho de su niñez y adolescencia.
Sobre todo de mi adolescencia, de mis estudios de media, de mi familia, que -ya le dije- era muy clásica. Y es que Jauja se había convertido a principios del siglo XX en un lugar donde llegaba mucha gente para curarse de la tuberculosis, sobre todo la que tenía acceso a la educación y a la cultura por el dinero, y muchos de ellos se quedaban, se asentaban en la ciudad, impregnándola de todo eso que describo en la novela.

Mucha gente se ha preguntado por qué un autor que nació en la sierra, que trabajó en San Marcos, que ha vivido de alguna manera la violencia política en carne propia se lanza a escribir una novela larga, culta, sin matices políticos cuando todos empezaban a escribir sobre la violencia.
Yo no puedo decir que sea un escritor realista. Soy un escritor lírico y tengo derecho a escribir lo que mi yo literario me dicta. Ya lo he dicho muchas veces: mi opción personal tiende al relato lírico.

En 1996 publica otro libro de relatos “A la hora de la tarde y de los juegos”, otra vez evocaciones de infancia.
Sí, creo que los hombres cuando vamos avanzando en la edad vamos acercándonos más a nuestra infancia. En este libro presento una serie de viñetas de mi vida en Jauja y con ellas trato de recomponer mi universo infantil. Podría decir que es mi libro más personal, más poético, incluso con algún sentido del humor.

¿Y “Libro del amor y las profecías”?
Me gusta, aunque no gozó del éxito de “País de Jauja”. Después vino “Ciudad de fuego”, que es un libro que recoge tres novelas cortas y que lleva el título de uno de ellos. “Un viejo señor en la neblina” es la segunda novela y la tercera es “El visitante”, otra narración de ángeles. En ellas también he trabajo la densidad artística, musical, fantástica y hasta fantasmática.

Sí, como ocurre en el otro libro de cuentos “Danzantes de la noche y de la muerte”, donde unos bailantes terminan siendo unos fantasmas que vagan de fiesta patronal en fiesta patronal.
Exactamente, ya en mis últimos cuentos he tratado de explicar el mundo a través de relatos fantásticos, pero sin dejar de lado lo lírico, lo musical. La editorial Alfaguara publicó inicialmente un libro con todos mis cuentos, luego lo hizo el Instituto Nacional de Cultura, y ahora nuevamente la editorial Alfaguara ha publicado la totalidad de mis cuentos con el nombre de “Cuentos del Ande y la neblina”, que quiere decir cuentos de la sierra y de Lima, esa especie de puente que siempre quise tender con mi literatura.

Usted ha cambiado Jauja por Lima…
A mí no me gusta la neblina, el frío de Lima, solo el verano. Últimamente siento mucho frío, porque tengo la casa frente al mar. Y es algo que tengo que asumir como insalvable porque no tengo más alternativa. Sin embargo, me quedan mis recuerdos, mi experiencia vivida en Jauja.

Ahora hablemos de otras cosas. Una vez que contaron que usted viajó con Mario Vargas Llosa a su tierra para levantar datos para la novela “Historia de Mayta”.
No, no es verdad. Mario, con quien estudié algunos cursos en la universidad de San Marcos, me llamó un día para decirme si podía acompañarlo a Jauja para informarnos sobre el levantamiento de Vallejos. Yo le dije que sí, pero al poco tiempo me volvió a llamar y me dijo que no quería incomodarme y que mejor iría con un pariente amigo. Y así fue.

¿Le gusta la obra de Vargas Llosa?
Mario es un escritor realista muy importante, con increíble pericia técnica para contar historias, pero por alguna razón personal no lo considero entre mis autores favoritos.

¿Ha seguido la literatura regional?
No, lamentablemente. Me es muy difícil porque he perdido las amistades y los parientes que me enviaban libros a Lima. Allá hay un Club de Jauja, pero no les interesa mayormente la literatura.

¿Pero no hay un autor en especial que pueda destacar?
Quizás Laura Riesco, una espléndida narradora, una notable escritora que lamentablemente publicó poco. Su primera novela “El truco de los ojos” no me impresionó mucho, pero “Ximena de dos caminos” es una obra excepcional. Una pena que Laura haya fallecido sin haber publicado todo lo que debió publicar.

¿Qué opina sobre la Literatura contemporánea actual?
Me es difícil dar una opinión general, porque el tiempo del que dispongo es poco, y además la economía no me permite comprar todo lo que quisiera. Normalmente releo a los autores clásicos. si no de manera parcial.

¿Qué viene ahora?
Estoy trabajando en dos novelas inconclusas que ha retomado. Una de ellas está muy avanzada. Me falta un veinte por ciento para terminarla. Luego viene ese trabajo afanoso que es la corrección, que me procura muchas horas de felicidad, como ocurrió con “País de Jauja”. Espero publicarlas pronto.

1 comentario:

  1. Excelente entrevista. Rivera Martínez es un verdadero maestro. Hermosa conversación con otro escritor talentoso como Sandro Bossio. A veces cuando leo a Bossio me parece leer pasajes de Martínez, por la prosa y la poesía que hay en ambos. Creo que Bossio también será dentro de poco un gran mestro.

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